lunes, 21 de abril de 2025

                                                                             

                                ISABEL DE CASTILLA 

           Y   LA FORJA DEL                         DESCUBRIMIENTO

AUTOR  Félix E. Vázquez León

 

 
                                                                                   


  

Era una fría mañana de enero, aunque se abrían paso tibios rayos de sol por la vega granadina, la escarcha helada de la superficie de los abrevaderos atestiguaba la gélida noche pasada. Entre el bullicio estridente de hombres, caballos, perros, ganado y un sinfín de aperos y artilugios bélicos, deambula algo torpe un hombre aún no viejo pero ya en la madurez y más acostumbrado a sortear olas marinas que el desorden del campamento de los Reyes Católicos, a la sazón llamado Santa Fe.

Un tosco guardia advirtió al visitante que debería esperar la audiencia en la antesala de la tienda real, señalando con su alabarda un vetusto escaño en el que sentarse.

Al poco de tomar asiento, fruto quizá del nerviosismo o del hastío, empezaron a asaltarle todo tipo de pensamientos y recuerdos de su ya largo y malogrado devenir por varias cortes europeas y de nobles castellanos, con el objeto de presentar su controvertido proyecto de buscar una ruta occidental hacia las Indias.

Recordó el rechazo de su propuesta en 1484 por parte de Juan II de Portugal, ocho años antes, pese al buen predicamento que tenía el genovés con la corte lusitana.

Asimismo  rememoró, con cierta pesadumbre, la primera vez en ser recibido por los reyes de Castilla y Aragón dos años más tarde; tras una cansina ruta desde Córdoba hasta el palacio arzobispal de Alcalá de Henares, donde Dª Isabel se dignó a recibirle gracias a   la influencia de un amigo monje de La Rábida; tras escuchar con interés su proyecto prometió someter el mismo a una junta de expertos cosmógrafos que tras meses de estudio informaron negativamente sobre el mismo.

D. Fernando fue escéptico desde el principio, mas la Reina quedó gratamente impresionada, sin   embargo tuvo que rechazar el plan hasta un momento más oportuno dado que ambos habían priorizado la reconquista de los últimos territorios sarracenos en la península, la cual consumía todas sus energías y recursos.

También vino a su memoria como este fracaso se repitió doblemente en 1488 cuando envió a su hermano Bartolomé a plantear su propuesta en Francia e Inglaterra.

Pero algo sostenía su voluntad férrea para no desfallecer, después de tantos años lo que mantenía viva la esperanza de Colón era la chispa que había vislumbrado en la reina castellana, máxime cuando tras interesarse vivamente el Conde-Duque de Medinaceli por el plan colombino, la soberana lo desautorizó con vehemencia, comunicándole que era un proyecto de la corona; D. Luis de la Cerda y de la Vega, desde su baluarte de El Puerto de Santa María, con seguridad podría haber sido el patrocinador del descubrimiento ya que contaba con los medios, fondos y la actitud favorable que requieren las grandes gestas humanas.

                                    

 

De repente una voz grave y firme violó los pensamientos de Colón, era Luis de Santángel, escribano real y asesor de confianza de los reyes, que informaba al visitante que sus majestades lo recibirían de inmediato; un paje rubio y muy alto abrió una pesada cortina bordada con los escudos de Castilla, León y las barras de Aragón que permitió al convocado acceder a otra estancia sobriamente decorada en la cual se encontraban los reyes Fernando e Isabel, sentados en sendos sillones de cuero ricamente repujado, a ambos lados se situaban dos braseros que aportaban calor agradable en aquella fría mañana de invierno.

Una vez realizadas las presentaciones por parte de Santángel, el marino hizo una reverencia y esperó a que hablasen los monarcas.

-“Os saludo señor Colón, después de tantos años veo que seguís con la misma propuesta que nuestros geógrafos ya juzgaron improcedente”, tomó la palabra Fernando II de Aragón.

-“D. Fernando, esposo mío, dejemos que el señor Cristóbal Colón explique las condiciones nuevamente de su proyectada travesía, que bien seguro que después de tan larga espera y tantos trabajos al menos merece nuestra atención”, intervino Dª Isabel.

-“Sea pues señor Colón, mostrad vuestro plan que imagino no será diferente al que ofrecisteis al rey de Portugal “, autorizó el rey.

El genovés agradeció sinceramente el gesto de los reyes y sin perder un instante comenzó su exposición en un aceptable castellano apoyándose en mapas, cartas de marear y pergaminos plagados de ininteligibles cálculos náuticos.

Era consciente que en la primera entrevista, allá por 1486, no despertó más que frío desdén en D. Fernando y curiosidad en Dª Isabel pero, buen conocedor de las personalidades de los soberanos, esta vez estaba dispuesto a remover los más profundos sentimientos de ambos,  especialmente de la reina.

No sólo apelaría al móvil económico de la empresa, al contar con los beneficios ingentes del comercio de las especias en una ruta más corta y sin la rivalidad portuguesa, también al carácter sagrado de la misma al poder evangelizar a los pobladores de las nuevas tierras.


 


Tras la detallada exposición, los soberanos despidieron al marino invitándole a permanecer en el campamento mientras estudiaban el proyecto y tomaban una decisión al respecto.

Esta vez ambos gobernantes quedaron muy receptivos y abiertos a iniciar negociaciones conducentes a alumbrar el viaje.

D. Fernando, otrora reacio, no estaba totalmente convencido pero sí interesado  ya que la reciente rendición  de Boabdil en Granada el 2 de enero de 1492 había dejado sus manos libres para iniciar nuevas conquistas y la idea de Dios y lograr grandes  beneficios discurrían por el mismo sendero en la mente del monarca aragonés, ferviente católico y consumado guerrero.                                                                                                                   

Soñaba -como cualquier príncipe de la época- con la conquista de Jerusalén, idea esbozada por Colón.

No era una aspiración absurda ya que su abuelo, Alfonso V “El Magnánimo”, había conquistado Nápoles, corona que tenía adscritos los derechos dinásticos de la ciudad santa, incluso el futuro almirante habló de planes de regresar a España a través de Jerusalén abriendo así una ruta de ataque por la retaguardia.

Pero si alguien quedó convencida de las bondades del proyecto fue la reina Isabel, su anterior curiosidad expectante trocó en certeza rayana en entusiasmo y así se lo confió a su esposo:

-“Amado esposo y señor mío, el plan de Colón considero que es un acto de gratitud a Dios por la victoria de Granada y estoy segura que ha sido la mano divina la que nos ha puesto a este hombre en nuestro camino después de haberlo ofrecido a otros reyes y nobles señores”.

-“Bienaventurada esposa mía, bien sé de vuestro interés por la empresa del genovés y le agradezco sus esfuerzos al colaborar con nuestro ejército en el sitio de Baza pero bien sabéis, mi señora, que las arcas de Castilla están vacías y las de Aragón están comprometidas en nuestras posesiones en Italia donde el rey francés Carlos VIII tiene puesto el ojo y atisbo que no ha de pasar mucho para que se inicie el conflicto.

Además  nuestros cartógrafos tienen dudas sobre la exactitud de los cálculos y no estoy dispuesto a arriesgar hacienda y buenos hombres en un viaje de tan ignoto destino”, razonó Fernando.

-“Bien mi señor, es cierto que el tesoro real está agotado pero no es menos cierto que tengo gran fe en que Dios velará por el éxito del viaje y de las nuevas almas por convertir al cristianismo. Ya buscaré la forma de costear la expedición y si es necesario empeñaré mis joyas”, aseguró la reina.

-“De acuerdo con vos, no me opondré a vuestro deseo, el patronazgo de la expedición queda bajo el auspicio de Castilla”, replicó el aragonés.

De esta forma se acordó que se iniciasen negociaciones entre fray Juan Pérez, representante de Colón y Juan de Coloma, eficaz secretario de los reyes.

 

     Éstas fueron arduas, laboriosas y por utilizar un término marino, con muchos escollos.                      .

Para solventar el difícil asunto de la financiación se ideó la encomienda de un servicio- avalado por la monarquía- donde ciudadanos particulares invertían su dinero, los aproximadamente dos millones de maravedíes del coste del viaje, los aportaron prestamistas aragoneses (entre ellos Santángel, tesorero de la Santa Hermandad) así como  el  florentino  Juanotto Berardi que prestó a Colón sobre una cuarta parte del total.

Para la corona no resultó gravoso ya que se acordó que la villa de Palos debía de aportar dos carabelas por motivo de sanción de la autoridad; la nave restante sería la nao Santa María, propiedad de Juan de la Cosa y procedente del gaditano Puerto de Santa María.

El navegante debió congeniar mejor con D.ª Isabel que con D. Fernando y no es difícil imaginar a la reina escuchar asombrada las propuestas de aquel,  el cual  debía poseer gran labia y atractivo personal, sin duda debió existir una gran complicidad entre ellos que a algunos personajes cercanos les podría parecer algo más que una relación entre soberana y vasallo, hecho que hubiese sido imposible ya que la reina católica bebía los vientos por su esposo y el almirante sólo estuvo enamorado de sí mismo.

Se acordó que al descubridor le correspondería una décima parte de las riquezas o mercancías obtenidas, derecho de jurisdicción sobre la explotación comercial y el privilegio para participar con una octava parte en las empresas mercantiles de las nuevas tierras con igual porción de beneficio.

La gran dificultad surgió en los títulos exigidos por el genovés para sí y  sus  descendientes,  quería el cargo de almirante de la mar océano y virrey y gobernador general de todas las tierras descubiertas. Esto chocó frontalmente con las nuevas ideas de los reyes católicos de menoscabar el poder de la nobleza y los señores feudales centralizando el poder en la corona.

Colón muy contrariado y ofendido con la indisposición y la tardanza en aceptar sus condiciones amenazó con llevar el plan al rey francés, alertado Luis de Santángel comunicó este hecho a Dª Isabel, llegando a persuadirla que se cometería un grave error en dejar marchar al genovés con un proyecto en que la corona arriesgaba poco y se podían perder ingentes riquezas y gran servicio a la Iglesia y lo que era peor: que otro príncipe europeo se hiciera con el proyecto con el consiguiente perjuicio futuro a las coronas de Castilla y Aragón.

 Fue tal el poder de convicción del alto funcionario que la reina ordenó ir a buscar a D. Cristóbal que ya se encontraba a más de tres leguas en el pueblo de Pinos Puente.

De esta manera, tras costosas deliberaciones se firmaron las capitulaciones colombinas en Santa Fe el 17 de abril de 1492 según las cuales Cristóbal Colón obtenía todos los cargos y prebendas solicitados.

Los reyes siempre defenderían al almirante en sus reclamaciones y lo trataron con justicia en las acusaciones de las que fue objeto posteriormente y que no fueron cuestión baladí.

  

En la memoria del descubridor siempre quedó la imagen de una excelente reina y gran mujer que al final supo imponer sus creencias y su fe ante todas las adversidades.

Poco antes de la muerte de la soberana, el almirante ya enfermo, escribía a su hijo Diego: “muchos correos vienen cada día y las nuevas son tales que se me encrespan los cabellos de oír lo contrario de lo que mi alma desea, rezo a la Santa Trinidad de dar salud a la reina, nuestra señora, porque con ello se asiente lo que ya se ha levantado”.

El 2 de diciembre de 1504 volvió a escribir a su hijo cuando se enteró del fallecimiento de su mayor protectora: ”su vida siempre fue católica y santa y pronta a las cosas de su santo servicio y por eso se debe de creer que está en la  santa gloria  y fuera del desdén de este áspero y fatigoso mundo”.

                                                                                 


 

lunes, 5 de agosto de 2024

CITAS PROVERBIALES por FEVALE

                                       CITAS PROVERBIALES por FEVALE       

                     

                                                          EL ARREPENTIMIENTO

Desde la privilegiada atalaya que proporciona el paso de los años, he logrado entender que el arrepentimiento más cruel e insidioso no procede de las cosas que hayas podido hacer mal sino de las que has dejado de hacer. 

                                                                 EL DESTINO




                                                            LA INFELICIDAD 

Puede que no tenga las condiciones idóneas para ser una persona feliz pero lo seguro es que no tengo derecho a ser una persona infeliz.   


                                                             LA CONVIVENCIA

   

                                                        LA NOSTALGIA
La nostalgia funciona como ciertas especias, en pequeñas dosis nos hace revivir cálidos sentimientos del pasado, los cuales deben quedar ahí, en el recuerdo. Si se descontrola, la nostalgia troca en melancolía, ésta en amargura y puede ser antesala de la depresión.  


                            EL CONSUELO                                         
El calor del consuelo a un familiar o amigo ante la desgracia se pierde rápidamente si no va envuelto con el manto de alguna solución o remedio

                              LA  SUERTE
La vida está en gran medida regida por la suerte o azar, pero al ser éstos últimos tan caprichosos e imprevisibles haremos bien en modular su alcance mediante el rigor, la previsión, conocimiento y acaso el comedimiento en nuestras acciones.

                                  LA DECISIÓN

Como dijo Benjamín Franklin, padre de la nación norteamericana, la peor decisión es la que no se toma. 
Vivir supone una continua toma de decisiones y esto conlleva elegir y por tanto sacrificar algo. 
Pero es mejor tomar decisiones(aunque no siempre sean acertadas) que esperar que tu vida se vaya por el sumidero de la indolencia. 
                    EL PROBLEMA 

Si tu problema tiene solución, no te preocupes, no es tal problema y si no la tiene, tampoco te preocupes, pues ya ha dejado de serlo.
                    EL CAMINO

No debemos dilapidar el presente ni convertir el futuro en obsesión, el premio no hay que buscarlo sólo en la meta, la verdadera recompensa está en disfrutar el camino.

       LA APTITUD Y LA ACTITUD 

Algunos confunden la aptitud con la actitud, indudablemente la primera es importante en el arduo camino de la vida pero sin duda el éxito en ésta vendrá de la mano de la segunda.


                   LA FELICIDAD                             

 Felicidad, esa deseada sensación mágica tantas veces definida y otras tantas frustrada e incomprendida. Sin duda, es el fin último vital de todo ser humano. Nos afanamos en su búsqueda fanática, cual santo grial, sin advertir que ese estado mental y físico no puede ser permanente ni muy duradero ya que el concepto se desvirtuaría y pasaría a ser otra cosa tal como bienestar interior, paz mental… La felicidad está formada por aquellos momentos exquisitos que representarían los puntos culminantes del diagrama en zig zag de la vida y por eso son tan valiosos y perseguidos, porque se viven con la intensidad del orgasmo sexual y todo aquello que es explosivo se consume pronto y en esa fugacidad arrolladora es donde radica toda su riqueza. Cuando alguien me pregunta si soy feliz respondo que he aprendido a no ser infeliz y a preparar mi espíritu para cuando se abra la espita de los momentos felices, poder disfrutarlos. Las personas más afortunadas por el azar del destino tratan siempre de buscar esa escurridiza felicidad, las tocadas por el infortunio -en la mayoría de los casos-no les queda otra que luchar contra la infelicidad, asunto diferente a la búsqueda de aquella, aunque no por ello incompatibles.

                                                   LA INGRATITUD                                                                                     
El desasosiego que nos provoca el desear cosas que no tenemos procede del NO agradecimiento por las que poseemos y comúnmente no valoramos. El gran secreto del bienestar personal radica en el equilibrio entre conseguir valores y objetos a los que aspiramos sin menospreciar los adquiridos con las limitaciones que la suerte o el destino nos imponen. 
 La Ingratitud al final es fuente de infelicidad.  

lunes, 4 de septiembre de 2023

 

                                                      LA HISTORIA SE REPITE


  Dice un viejo aforismo que el país que no conoce su historia está condenado a repetirla, los que conozcan algo de la historia de España podrán hacer paralelismos de lo que ocurría en nuestro país en los años treinta del pasado siglo con la actualidad. Entonces, como consecuencia de las elecciones municipales celebradas en abril de 1931, el monarca y los partidos del ala monárquica y conservadora-que a la sazón habían obtenido más votos que la izquierda-cedieron el poder a otros que sin legitimidad para ello se otorgaron la victoria y aprovecharon el vacío institucional para proclamar una república, que si bien al principio generó en muchos ilusiones y entusiasmo, pronto se trocó en decepción, angustia y desesperación. 

 Algunos partidos que terminaron acaparando el poder, como PSOE o PCE, tenían claro que aquella república era sólo un instrumento y paso intermedio para el verdadero objetivo que era la instauración de una federación de repúblicas socialistas ibéricas donde se habría implantado la dictadura del proletariado siguiendo las instrucciones de su referente soviético, Stalin.

 En las actuales circunstancias ya no existe un iluminado soviético al que seguir pero sin duda existen entre los partidos de izquierda y sus aliados oportunistas una conjunción de intereses y objetivos comunes que funcionan como argamasa para unificar idearios tan dispares como el que representa la burguesía más rancia y racista abanderada por PNV y Junts junto a radicales de izquierda de corte marxista como Bildu, ERC o BNG. 

 Esta alianza contra natura busca socavar el orden constitucional vigente debilitando las Instituciones y emponzoñando la vida política y social para finalmente desmontar el estado actual y proclamar una republiqueta cercenada, probablemente sin Cataluña y País Vasco-Navarra, pero eso sería un mal menor, lo importante es que el líder supremo de este circo habría logrado su ensoñación narcisista de ser el primer presidente de la III República Socialista Ibérica ya que nadie podría llamarla ya España.

 Como diagnosticó Francisco Silvela en aquel magnífico artículo tras el desastre del 98, España vuelve a estar “Sin Pulso”. 


                                                                                           Félix E. Vázquez León

miércoles, 14 de diciembre de 2022

                                                                         

                                             LA TEORÍA DEL FANGO 

 Creo que pocos lectores estarán en desacuerdo con la afirmación de que el organismo humano es la máquina más perfecta de la creación, hasta el más sencillo acto vital es un alarde de ingeniería química y procesos fisiológicos minuciosamente coordinados hasta niveles que rebasan lo microscópico, con tal intensidad y velocidad que produciría vértigo pensar como es posible coordinar tan abismal volumen de reacciones químicas y físicas responsables de la homeostasis corporal. 
 Sólo por poner sencillos ejemplos basta pensar en la reacción en cadena que se produce cuando nos hacemos una herida hasta llegar a la hemostasia, el complejo sistema inmunitario o la división celular con sus procesos de mitosis y meiosis que parecen extraídos de un libro de magia. También se escapa muchas veces a la ciencia moderna el conocimiento de muchos de estos enrevesados mecanismos reguladores. 
 Ya desde el antiguo Egipto se empezó a forjar el concepto de “humores” como sistemas químicos que regulan el comportamiento humano, Hipócrates (sV a.c.) definió que los humores son los fluidos corporales vitales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra postulando que un exceso o déficit extremo de alguno de ellos provocaba la enfermedad. 
 Galeno (sII d.c.) impulsó esta teoría de los humores en la que afirmaba que los alimentos tenían un potencial variable de actuación siendo los alimentos calientes los que producían bilis amarilla mientras que los fríos provocaban flema, incluso las estaciones del año o las zonas geográficas alteraban los humores, así consideraba las ciudades expuestas a vientos cálidos propensas a producir en sus habitantes problemas digestivos y las expuestos a vientos fríos se asociaban a enfermedades respiratorias; relacionó los cuatro humores con las estaciones: sangre(primavera), bilis amarilla(verano), bilis negra(otoño), flema(invierno).Las cualidades de los humores influían en la naturaleza de las enfermedades , así las bilis amarilla causaba las enfermedades por calor y la flema las del frío. 
 Galeno llegó más allá del cuerpo identificando cuatro disposiciones psicológicas o “temperamentos”, asociándolos a los humores predominantes: 
 -las personas que tienen más sangre roja son amables y de piel sana(temperamento sanguíneo) 
 -las personas con bilis amarilla son amargas y de mal genio, de piel amarilla(temperamento colérico)
 -las personas de bilis negra son perezosas, temerosas y enfermizas, de cabello y ojos negros(temperamento melancólico)
 -las personas con flema son desanimados, olvidadizos y de pelo blanco(temperamento flemático). 
 Cada tipo de temperamento determinaba la susceptibilidad a enfermedades particulares así como inclinaciones emocionales y de comportamiento. Propuso que la “discrasia” o desequilibrio de los humores era la causa directa de la enfermedad y la “eucrasia” o salud se asociaba con el equilibrio humoral, la enfermedad también podía ser causada por “corrupción” de uno o más humores debido a cambios en la dieta o por otras circunstancias ambientales. 
 La medicina medieval adoptó esta “teoría del humorismo” grecorromano alcanzando su máxima plenitud con Avicena(sX d.c.); ya entrado el sXVI se complementó esta teoría con la utilización de hierbas y combinaciones alquímicas para eliminar el exceso de humores o para ajustar la deficiencia de los mismos.
 La medicina ayurvédica hindú también cuenta con tres “dosha” equivalentes a los humores hipocráticos que se cree que están presentes en el cuerpo e igualmente su combinación determinan el temperamento o biotipo de cada individuo. 
 Durante los siglos XVII y XVIII la teoría humoral clásica derivó en la “teoría del agotamiento heroico” que abogaba por un tratamiento severo a base de purgas, sangrías y sudoraciones que provocaban en el enfermo un “choque” que lo liberase del exceso de humores y devolver el equilibrio al medio interno; esta corriente tuvo éxito en Europa y Estados Unidos en el sXVIII de la mano de Benjamín Rush, hasta que los nuevos descubrimientos técnicos y el advenimiento de la “teoría de los gérmenes” la hicieron desaparecer a mediados del sXIX, considerándose desde entonces a éstas teorías basadas en humores como pseudociencias. 
 La filosofía tradicional Taoísta china también aplica un concepto similar de equilibrio entre dos humores o factores “el Ying y el Yang” opuestos pero complementarios, manifestando que por ejemplo un exceso de yang provoca enrojecimiento de la piel, sudoración y abscesos, mientras que el exceso de ying se manifiesta en palidez de piel y extremidades frías.
 La cuestión que parece clara a todos los pensadores y filósofos que han intentado explicar el funcionamiento del organismo humano desde tiempos inmemoriales es que hay que concebir su naturaleza como un binomio cuerpo-mente, ya en obras de Homero y Hesíodo (sVIII a.c.) la “psique” aparece como un aliento que mantiene la vida en el cuerpo o “soma” y el poeta latino Juvenal (sII d.c.) legó su famosa cita ”Mens sana in corpore sano” como prueba de la interconexión entre la salud del cuerpo y de la mente. 
 Yo- dentro de mi limitada capacidad analítica y conocimiento- entiendo que la realidad cuerpo-mente es un ente no único e indivisible pero sí de precisos mecanismos de sinergia y de una interconexión tan estrecha que obligadamente las incidencias o desajustes que se producen en alguno de ellos inciden en el otro de forma biunívoca.
 De esta forma y expresándolo de una forma gráfica, imaginemos el refinado engranaje de una máquina de precisión en la que se introducen unas gotas de barrillo arenoso, el mecanismo seguirá funcionando pero dejará de ser la máquina perfecta para ser una máquina desajustada, que dará fallos y terminará produciendo un desgaste y avería parcial o total. Ese barrillo o “FANGO” se puede extrapolar a lo que ocurre en el organismo humano , cuando por causas externas o internas se genera un desajuste o desequilibrio que funciona como ese fango que avería nuestro engranaje.
 Los motivos generadores de este elemento tóxico y perturbador son múltiples y abarcan desde causas intrínsecas genéticas o autoinmunes, medioambientales, edad… que en algunas ocasiones no tenemos opción de prevenir o evitar, acabando en enfermedad dependiendo donde asiente el tóxico, sea cuerpo o mente, aunque al final se reflejará el mal en uno u otra. 
 Otras veces ese “fango” lo generamos con las decisiones que tomamos, por ejemplo una persona que decide incluir en su dieta demasiadas grasas o azúcares o que fuma compulsivamente, forzadamente generará ese fango en su cuerpo que tarde o temprano le provocará nefastas consecuencias en su salud. Pero esto incluye también otro tipo de situaciones o vivencias que no son fáciles de resolver, pongamos por ejemplo un tema que supone constante preocupación como es la violencia doméstica o la intrafamiliar con resultados trágicos en muchos casos, originado por el estrés y odio que se ha ido destilando durante mucho tiempo y ha ido nublando y enfangando el engranaje mental de la persona agresora. 
 Un aspecto importante para la convivencia sería pensar antes de tomar decisiones erróneas o precipitadas, el efecto que éstas pueden proyectar al ser un vector de estrés que se convertirá en ese fango dañino en los demás, en esto la vida cotidiana está plagada de ejemplos. 
 En la generación de ese fango la mente tiene un papel crucial, una psique sana, liberada de fango es capaz de generar lo que podía llamarse “antifango”, una especie de antídoto que crea bienestar y como consecuencia felicidad. 
No es fácil conseguir esta situación pero tampoco estamos hablando de llegar a estados de nirvana o de éxtasis de los antiguos místicos, sino simplemente de lograr mantener el espíritu y la mente bajo control del estrés que es el responsable mayor de fango. Algunas técnicas como yoga, o más actuales como el Mindfulness pueden dar pautas eficaces para las personas que requieren ayuda.
 Las personas que generan antifango son capaces de vivir en paz y alcanzar ese bienestar saludable que es la antesala de la felicidad, una persona feliz tiene una ventaja añadida para enfrentarse a los embates de la vida y por ende para vencer enfermedades. 

 Ojalá fuésemos capaces de controlar nuestras actitudes, emociones y comportamientos para no enfangar la maravillosa máquina de la que nos ha dotado la naturaleza.                                                  

                                                                                                                        Félix E. Vázquez León


                                   

viernes, 3 de diciembre de 2021


           SEMBLANZA DE UN ZAPADOR LAUREADO

                                       sargento de Ingenieros  Juan Espinosa Tudela

  

                                                  


                                                                                             

  Dedicado a todos los que sirvieron en algún momento de sus vidas en el Regimiento de Ingenieros nº2, con guarnición en Sevilla.

 

Este regimiento procede del 3er. Regimiento de Zapadores Minadores creado en 1875, cuyo primer batallón fue acuartelado en el Cuartel de San Hermenegildo, en Sevilla. Participó en la guerra de Cuba hasta la firma de la "Paz de París" en 1898, fecha en la que las tropas de Ingenieros fueron repatriadas.

En 1904 se produjo  la disolución del 3er. Regimiento de Zapadores Minadores, y su primer batallón, con la bandera del Regimiento, pasó a formar parte del Regimiento de Ingenieros núm. 3, de nueva creación. En 1909 ocupó el acuartelamiento de "La Borbolla", cuartel de rancio abolengo en Sevilla y todavía en pié. En 1912 mantuvo el nombre, pero obtuvo otra organización.

En junio de 1925 las fuerzas de este Regimiento fueron distinguidas con la Medalla Militar colectiva por el valor y eficacia demostrados en los combates de Tizza (Marruecos).

Con la reorganización que llevó a cabo el gobierno de la Segunda República, el regimiento quedó reducido a un Batallón, con el nuevo nombre de Batallón de Zapadores Minadores núm. 2. Sus compañías números 4ª y 14ª ostentan la Medalla Militar colectiva en sus banderines por sus acciones en la guerra civil.

Finalizada la guerra civil, en octubre de 1939 el Batallón se transformó de nuevo en Regimiento Mixto de Ingenieros núm. 2.

En 1977 inició su traslado a la base de El Copero (Sevilla). En 1985 pasó a denominarse Regimiento de Ingenieros núm. 2.

El 31 de diciembre de 1995 fue disuelto como consecuencia de la aplicación del Plan NORTE.

Sus instalaciones fueron ocupadas por el actual Regimiento de Guerra Electrónica 32, unidad de nueva creación y heredera del legado de las anteriores.

 Fachada del acuartelamiento “La Borbolla”.

                                     

 El siguiente relato quizás adolezca de la elegancia de la prosa novelada, mas su modesta intención no es la de recrear al lector con grandiosas hazañas reales o ficticias sobre el valor o el amor al terruño patrio, sino la de ensalzar la figura de Juan Espinosa Tudela, laureado zapador en la guerra de Cuba, cuya actitud y proceder es sólo un ejemplo de aquellos hombres de raza, austeros y honrados, que no dudaron en dar lo mejor de sí mismos cuando la Patria les exigió los mayores sacrificios, aún en las condiciones más penosas que se puedan imaginar.

 

 El azar quiso que la historia de nuestro héroe fuese rescatada de un polvoriento archivo regimental, olvidado de la historia y de los hombres.

 

Nació nuestro protagonista en Lorca-Murcia- el 21 de mayo de 1874, en el seno de una familia pobre que no pudo darle estudios.

 Trabajó como jornalero hasta su ingreso en filas, la mayoría de los reclutados en esa época eran muchachos enclenques de poco más de un metro de estatura, castigados desde la infancia por el hambre y las enfermedades, cuyas familias no podían reunir las 1500 pesetas para la redención a metálico del servicio militar que permitía la injusta Ley de Reclutamiento y Reemplazo de 1885.

 

Quedó filiado en el reemplazo de 1893 para servir durante 12 años, siendo destinado al tercer Regimiento de Zapadores-Minadores de Sevilla, incorporándose al mismo el 8 de marzo de 1894.

 

Al estallar la insurrección cubana en 1895 forma parte del batallón expedicionario, saliendo de Cádiz el 31 de julio y llegando a La Habana el 14 de agosto, aposentándose su compañía en Puerto Príncipe(Camagüey) el día 22 del mismo mes.

 

El ejército colonial español, en defensa de la integridad nacional, se desangraba en la lucha contra los revolucionarios, alentados desde los E.E.U.U. y cuyos mejores aliados eran el insalubre clima y las enfermedades tropicales que se cebaban con los bisoños peninsulares.

 Insignes personajes como el General Martínez Campos y varias publicaciones de la época, denunciaron las privaciones de las tropas en la manigua cubana, enfermos de paludismo o disentería, alimentados con un puñado de galletas y faltos hasta de alpargatas de esparto para reponer las gastadas en las agotadoras marchas; de los 60.000 fallecidos entre 1895 y 1898, sólo 2.100 murieron en combate. El panorama que se encontró nuestro zapador era desolador.

 

Espinosa, como miembro de la 2ª cía., sirvió desde el 20 de agosto de 1895 a noviembre de 1898 en cuantas misiones le fueron encomendadas, entre ellas la construcción de fortines entre Puerto Príncipe y Nuevitas, barracones en San Lázaro, reparaciones de vías férreas e incluso combatir como infantería (aunque el General Weyler prohibió este tipo de misiones a tropas de ingenieros por la dificultad de reponer las bajas).

Fue en una de estas misiones donde Espinosa demostraría su bizarría.

 

 Una columna de la que formaba parte una sección de zapadores, fue designada para operar por orden del General de la División, Jiménez Castellanos, sobre Morinas.

 El día 9 de diciembre de 1895, una fracción de 72 hombres fue atacada mientras forrajeaban en el potrero “Congreso”, por una partida de 800 insurrectos; los españoles no se arredraron, vendiendo caras sus vidas al grito de “Viva España”. Espinosa, cogiendo el fusil de un compañero muerto, luchó bravamente al arma blanca, matando al teniente mambí Eugenio Recio e hiriendo a otros cuatro, hasta caer herido por golpe de machete.

 Hecho prisionero fue conducido junto con otros compañeros al campamento del gran caudillo Maceo, “el titán de bronce”, que le propuso abrazar la causa cubana, sobornándole con 5.000 duros y el empleo de capitán del ejército insurrecto; El cautivo rechazó vehementemente tales ofrecimientos, demostrando tal grandeza y patriotismo que despertó la generosidad y admiración del jefe mambí que liberó al bravo español y a todos sus compañeros.

 

Por esta acción se inició el juicio contradictorio para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, regulada por ley de 18 de mayo de 1862, siendo instruido por el Cte. de E.M. D.Evaristo Casariego Chirlanda, según consta en la Orden General de la División de 13 de diciembre de 1895, resolviéndose el mismo con la concesión a Juan Espinosa Tudela de la prestigiosa recompensa en categoría de 2ªclase, pensionada con 400 pesetas, según D.O. nº129 de 11 de junio de 1896.

Este hecho, comunicado por el Ministro de la Guerra al Alcalde de Lorca, fue recogido con gran regocijo en la prensa local.

 

 Pero en la isla antillana la insufrible lucha continúa y nuestro héroe sigue destacando por su valía e infatigable pundonor, por lo que es recompensado con la Cruz de Plata al mérito Militar con distintivo rojo de fecha de 31 de enero de 1896.

 

 Toma parte durante el mes de abril en encarnizados combates en Guanabano, Santa Rosa, La Ceiba y en otras localidades.

 Con fecha 1 de mayo de 1896 es promovido a cabo por méritos de guerra.

 

 A partir de junio la lucha se intensifica con la presencia en Puerto Príncipe de Máximo Gómez, general en jefe del ejército insurrecto, que puso en jaque a las tropas de la división de Jiménez Castellanos.

 La columna de la que forma parte la 2ª cía. de Espinosa, interviene en sucesivos combates en Higones, Delirio y Cuevitas, hasta llegar a Cascorro, levantando el 6 de octubre de 1896 el cerco que habían impuesto los separatistas a una compañia de infanteria española que guarnecía el poblado.

 Nuevamente uno de los destacados en los combates fue nuestro laureado zapador, que obtuvo una nueva Cruz de plata al mérito Militar con distintivo rojo fechada el 9 de junio de 1897(D.O.nº123) por su comportamiento en el levantamiento del sitio de Cascorro, lugar que hizo famoso con su gesta otro bravo hijo de España, el cabo Eloy Gonzalo del Regimiento de Mª Cristina, igualmente condecorado en aquella acción e inmortalizado por el pueblo de Madrid en una de sus más castizas plazas.

 

 Durante 1897 y encuadrado en la 2ª cía. continuó colaborando en numerosos trabajos de fortificación, construcción de barracones, blocaos y campos minados en Jaramaguacan y San Lázaro y en mayo combatió en un operación de limpieza sobre San Jerónimo, donde el enemigo atacó el fortín construido en Yeguas por la sección de Espinosa y donde hubo 7 muertos y 30 heridos por parte española, contabilizándose más de 47 muertos entre los rebeldes cubanos.

 

 Nuestro hombre finalizó el año habiendo sido promovido a sargento por méritos de guerra con fecha de 30 de septiembre de 1897.

 

 Ya en 1898 la guerra se recrudece por la ignominiosa entrada de los E.E.U.U. en el conflicto, los independentistas ven la oportunidad de desligarse de la corona española con la ayuda del incipiente coloso del norte, redoblando sus acciones.

 La unidad de Espinosa continúa ejecutando trabajos propios del Arma y participando en operaciones con diversas columnas, dedicándose especialmente a la reparación de las vías férreas de Nuevitas, saboteadas continuamente por los insurrectos.

  Una vez destruida la escuadra de Cervera y rendida la plaza de Santiago, la 2ª compañía de zapadores recibe la orden de fortificar Puerto Príncipe, en previsión de que la guerra con los norteamericanos se alargase.

Una vez firmado el armisticio el 13 de agosto, permaneció allí hasta el 7 de octubre en que marchó a Nuevitas, prestando servicios de guarnición hasta el 28 de noviembre en que fue repatriada la unidad en el vapor San Agustín, llegando a Málaga el 14 de diciembre y el 21 del mismo a Sevilla .

 Nuestro héroe pudo ya abrazar a los suyos en su tierra, tras más de tres años de penalidades y la angustiosa pesadumbre de haber perdido los últimos restos del Imperio colonial.

 El día 1 de junio de 1899 marcha a Cartagena pasando a la reserva activa,  obteniendo la licencia absoluta por los abonos de la campaña el 1 de agosto de 1903.

 

 Pero Espinosa tenía ya grabado en su espíritu la noble vocación de servir a su patria con las armas y solicita hasta por tres veces reingresar al servicio activo, dirigiéndose incluso en la última, cursada en  junio de 1903, a la Reina Regente María Cristina, tras no haber obtenido respuesta favorable en las anteriores instancias  según escritos fechados el 24 de mayo y 23 de junio de 1902.

Así tras un interminable devenir entre distintos negociados del Ministerio de la Guerra, su solicitud pasa por la Sección de Ingenieros del Ejército, la Capitanía General de Valencia, Departamento de reserva de Ingenieros, tercer Rgtº. de Zapadores-Minadores y Sección de E.M. y Campaña.

Por fin el Consejo Supremo de Guerra y Marina contesta que no está contemplado en la legislación el reingreso desde esa situación, pero atendiendo a las extraordinarias circunstancias concurrentes en el solicitante se consideraría su petición, resolviendo que debe ser examinado de escritura y conocimientos militares para volver a ejercer el empleo de sargento en el Cuerpo de Ingenieros.

 El Capitán General de Valencia, con fecha de 29 de enero de 1904, comunica que en cumplimiento de la orden se reunió el tribunal nombrado para examinar al sargento Espinosa y que habiendo comparecido, el interesado renunció al examen.

 

 El 14 de abril del mismo año fue admitido en el Cuerpo de Carabineros del Reino por el tiempo de 4 años, siendo al año siguiente, por su intachable conducta, recompensado con el premio a la constancia que conllevaba el abono de una peseta mensual.

 

 Pero la lista de hechos encomiables de nuestro hombre no termina aquí. El 30 de agosto de 1905 salvó de morir ahogado y con riesgo de su vida, a un hombre en aguas del puerto de Cartagena, por lo que fue condecorado con la Cruz de la Beneficencia de 3ª clase por R.O. del Ministerio de Gobernación de 30 de octubre de 1906.

 

 El espíritu indomable de servicio a la Patria no habría de desfallecer en el antiguo zapador. Con ocasión del estallido del conflicto en Melilla en 1909 solicita a S.M. el Rey incorporarse como sargento en el ejército de operaciones en África. Una vez más la anquilosada burocracia, a pesar de los informes favorables de sus jefes, cercenó los anhelos de servicio a España con las armas del bravo Espinosa.

 

 Y así continuó prestando sus servicios, llegando a ser jefe de puesto en Beniel (Murcia), demostrando siempre su buen hacer y haciéndose querer de propios y extraños, hasta que en un aciago 26 de febrero de 1924 su noble y generoso corazón no resistió más.

  Como colofón a este modesto relato biográfico, reseñar la semblanza de un hombre que como tantos otros que sirvieron en la filas de nuestro ejército, no hicieron otra cosa que cumplir fielmente con su deber.

En palabras del ilustre marino Víctor Concas, estos hombres cumplieron sus cometidos en unas condiciones y en unas ocasiones en las que su sacrificio no era sólo estéril, sino completamente contrario a los intereses de España. 

No puede ser indiferente a los buenos españoles la memoria de unos valientes, que dieron todo por un ideal tan sagrado que mereciera el sacrificio del bien más preciado que en la mayoría de los casos era lo único que poseían: su vida.





AUTOR: Félix E. Vázquez León




lunes, 22 de noviembre de 2021

 



                      DOS CAMARADAS




                                                                                             Félix E. Vázquez León




Aquel día comenzó gris y gélido, como si el alba quisiera corroborar con su amarga estampa la tragedia que se avecinaba.

El cielo también quería colaborar en reflejar el dramático presagio, cubierto y nuboso, apenas dejaba pasar unos livianos rayos que formaban cárdenas estrías de color en los nimboestratos. Apenas algún ave solitaria se aventuraba a sobrevolar aquel paisaje donde la ausencia de viento acrecentaba más la tensión electrizante del aire.


El terreno era duro, volcánico, formado por basaltos y gneis del Jurásico. En las cercanas montañas  se divisaban las nieves del incipiente invierno que hundían sus raíces en las escarpadas rocas.La vegetación, pobre, se escondía en zonas donde los detritus de las rocas eran menos densos, sólo se distinguían aisladas masas verdes pobladas por musgos, ,jaras y matorral bajo entremezclados con algunos árboles de especies caducifolias.

En esta situación y ambiente se encuentran dos grupos armados enemigos  que de un momento a otro se espera que entren en combate. En uno y otro bando se observan a los hombres moverse guiados por una fuerza que se podría calificar de sobrehumana. Sus patéticos cuerpos aparecían delirantes, semiescondidos en las trincheras,  sus pómulos salientes bastaban para sellar en su rostro una expresión fantasmagórica de hambre, sed y odio.

 

La quietud de los atrincherados sólo era interrumpida de vez en cuando por algún mensajero que corría raudo o de algún vehículo que audazmente se  aventuraba a ponerse a tiro de las líneas enemigas para abastecer a los observadores avanzados.

No existía actividad palpable en aquellas masas de hombres que pronto iban a enfrentarse con la muerte.

Una vaguada dividía ambos bandos, por ella discurría un arroyuelo cuyas cristalinas aguas acogían a algunos pajarillos que iban a beber en su lecho, sin sospechar que iban a ser inocentes espectadores de un episodio fatal.


En uno de los bandos se encuentra el cabo Pedro Claramonte, un chico de veintidós años que se encontraba cursando estudios de arquitectura cuando estalló la guerra.

Pedro, al igual que sus compañeros, espera de un momento a otro la voz firme de su jefe ordenando el ataque. Hasta ahora había sido un hombre pacífico y sencillo, dedicado a sus estudios, nunca le interesó la política ni se había involucrado en actividades sindicales o revueltas estudiantiles. Siempre había tenido Pedro un carácter alegre y extrovertido, pero en los dos años que llevaba en campaña se había transformado en un individuo taciturno y reservado, sobre todo a partir del día que recibió la noticia trágica de la muerte de sus padres en un bombardeo. Sus ideas acerca de la  vida y de la muerte, del bien y del mal habían sufrido un giro radical; su vitalismo exacerbado se trocaba en pensamientos  derrotistas, la larga guerra había hecho mella en su mente y en su alma, actuaba mecánicamente, siguiendo siempre las mismas consignas.

 Se estremecía imaginando si volvería a ver de nuevo el mundo que dejó: su ciudad, sus amigos...  a veces se cernían sobre él perplejos impulsos de ánimo mezclados con vagas ilusiones que embargaban su espíritu pero que se desvanecían al momento, sucumbiendo de nuevo en una nube de soledad, perdiendo la mirada cansina  y triste en el horizonte.

Recordaba cálidamente a sus amigos de la infancia, de la niñez vivida en un clima de paz y felicidad, también se le empañaba la mente con el grácil recuerdo de su prometida que esperaba siguiera con vida.


De repente una voz viva y poderosa penetró como un estilete en sus oídos, violando sus pensamientos; era la voz del capitán ordenando el asalto, automáticamente una horda salvaje y autómata respondió sin reparos, saltando de las trincheras dominados por una histeria colectiva que vomitaba gritos de odio y venganza.

Al instante comenzaron a caer proyectiles enemigos, la fusilería sembraba la muerte por doquier, muchos hombres caían heridos por la mortal metralla. Por doquier se oían alaridos de dolor, que se solapaban con los gritos de los que avanzaban. Pedro iba en uno de los pelotones que cubría el flanco derecho, conforme iban avanzando, sus compañeros caían uno tras otro derribados por el plomo enemigo .

Llegó un momento en que tuvo que tomar el mando del mermado grupo dirigiendo valerosamente a sus hombres hasta llegar a una loma donde se luchó cuerpo a cuerpo, los hombres, presos de la cólera o del miedo atacaban sin piedad. Pedro recibió un fuerte culatazo en la cabeza que lo dejó sin sentido, cayendo entre un abismo de horror compuesto de cadáveres, polvo y sangre.

Cuando volvió en sí había perdido prácticamente la noción del tiempo, no acertaba a calcular las horas que había pasado en el mundo de las sombras, su aturdimiento se acrecentó cuando vio el tétrico espectáculo que le rodeaba: cientos de cadáveres yacían destrozados, las bayonetas aún manchadas de sangre caliente, despedían leves destellos  cedidos por el liviano sol que alcanzaba su cenit.

Pedro se incorporó con dificultad y fue a buscar agua al arroyuelo para lavarse la brecha que tenía en la frente.

Mientras esquivaba los cuerpos sin vida se preguntaba a si mismo si lo que estaba viendo era real, pues seguía aturdido del golpe.

Súbitamente escuchó unos gemidos, se acercó y pudo ver a un joven jadeante que tenía la pierna izquierda destrozada por la metralla; sin dudar Pedro se aproximó y observó la herida, el caído estaba obnubilado por la pérdida de sangre pero reaccionó al ver a aquel extraño dirigirse abiertamente hacia él, pues era del bando contrario. Percatado del temor del herido y con tono suave pero firme le dijo: - No te asustes, no voy a hacerte ningún daño.

 Dicho esto trató de vendarle la pierna para paliar la hemorragia y le dio de beber de su cantimplora. Sin pensarlo dos veces abandonó al herido y se dirigió a sus líneas para buscar ayuda, ya no veía los cadáveres o los socavones de las bombas ni le aturdía el olor a pólvora, corría desesperadamente impulsado por una fuerza desconocida.

 Por fín encontró un hospital de campaña cuyo personal se encontraba muy atareado atendiendo a la masa ingente de heridos.

 A duras penas y tras mucho insistir consiguió una ambulancia y se dirigieron donde había quedado el herido. Cuando llegaron éste estaba prácticamente en estado de shock .El sanitario le argumentó que requería una transfusión urgente pero que carecían de sangre.

 Pedro, haciendo gala nuevamente de la nobleza de sus principios y dado que era donante universal, le dijo que procediera a extraerle el líquido vital para salvar la vida del moribundo.

Afortunadamente se disponía del equipo necesario y tras unos minutos que a Pedro le parecieron los más intensos y útiles de su vida, el joven empezó a recuperar el conocimiento y el donante pudo preguntar:-¿Cúal es tu nombre?

·   Me llamo Juan, pero ante todo quiero agradecerte lo que has hecho.


·   No importa, en realidad soy yo el que tiene que dar gracias por haberte encontrado, al verte he vuelto a ser yo mismo y no la máquina de matar que creía que era; por fín he vuelto a la luz.

·   Me agrada que pienses así, la guerra nos está transformando, es como si el instinto animal se apoderase de nosotros y perdiéramos la condición humana, dijo Juan.

·   Es lamentable, parece como si cada uno de nosotros llevásemos una bolsa donde están guardados el odio y la maldad y cuando se desatan son incontrolables.

·   ¿Por qué hemos de matarnos unos a otros?, increpó el herido.

·   Juan, este problema existe desde que el hombre surgió como especie y se ha mantenido hasta nuestros días. No ha tenido solución. Son muchos los que han buscado una respuesta, sin resultado; yo pienso que habría que analizar la naturaleza humana, algunos grandes pensadores creen que el hombre es así por esencia, perverso y egoísta, ya Plauto y después Hobbes dijeron que “EL HOMBRE ES UN LOBO PARA EL HOMBRE”.

Asombrado por el valor humano de su antiguo enemigo afirmó Juan:  - Es triste que sea así pero yo no pienso categóricamente que el hombre por naturaleza sea perverso sino que por una serie de circunstancias de diversa índole, unas veces porque ambicionamos la riqueza o las posesiones de otros, otras veces por las distintas creencias religiosas, incluso el analfabetismo y la incultura del pueblo que es aprovechado por algunos fanáticos para arrastrar a las masas lo que nos lleva a esta barbarie.

Sin embargo cuando acabe esta guerra todos debemos reflexionar sobre lo que hemos hecho para evitar en lo sucesivo que el hombre se destruya a si mismo.


De esta forma y después de tan cruenta lucha los dos antiguos enemigos y nuevos camaradas unidos por la misma sangre volvieron a encontrarse a si mismos como hombres, dos hombres que unas horas antes se habrían despedazado son capaces nuevamente de pensar y obrar como seres humanos dotados de razón, pero de una razón liberada de odio y rencor.