SEMBLANZA DE UN ZAPADOR LAUREADO
sargento de Ingenieros Juan Espinosa Tudela
Dedicado a todos los que sirvieron en algún momento de sus vidas en el Regimiento de Ingenieros nº2, con guarnición en Sevilla.
Este
regimiento procede del 3er. Regimiento de Zapadores Minadores creado en 1875,
cuyo primer batallón fue acuartelado en el Cuartel de San Hermenegildo, en
Sevilla. Participó en la guerra de Cuba hasta la firma de la "Paz de
París" en 1898, fecha en la que las tropas de Ingenieros fueron
repatriadas.
En
1904 se produjo la disolución del 3er.
Regimiento de Zapadores Minadores, y su primer batallón, con la bandera del
Regimiento, pasó a formar parte del Regimiento de Ingenieros núm. 3, de nueva
creación. En 1909 ocupó el acuartelamiento de "La Borbolla", cuartel
de rancio abolengo en Sevilla y todavía en pié. En 1912 mantuvo el nombre, pero
obtuvo otra organización.
En
junio de 1925 las fuerzas de este Regimiento fueron distinguidas con la Medalla
Militar colectiva por el valor y eficacia demostrados en los combates de Tizza (Marruecos).
Con la
reorganización que llevó a cabo el gobierno de la Segunda República, el
regimiento quedó reducido a un Batallón, con el nuevo nombre de Batallón de
Zapadores Minadores núm. 2. Sus compañías números 4ª y 14ª ostentan la Medalla
Militar colectiva en sus banderines por sus acciones en la guerra civil.
Finalizada
la guerra civil, en octubre de 1939 el Batallón se transformó de nuevo en
Regimiento Mixto de Ingenieros núm. 2.
En
1977 inició su traslado a la base de El Copero (Sevilla). En 1985 pasó a
denominarse Regimiento de Ingenieros núm. 2.
El 31
de diciembre de 1995 fue disuelto como consecuencia de la aplicación del Plan
NORTE.
Sus
instalaciones fueron ocupadas por el actual Regimiento de Guerra Electrónica
32, unidad de nueva creación y heredera del legado de las anteriores.
El siguiente
relato quizás adolezca de la elegancia de la prosa novelada, mas su modesta
intención no es la de recrear al lector con grandiosas hazañas reales o ficticias
sobre el valor o el amor al terruño patrio, sino la de ensalzar la figura de
Juan Espinosa Tudela, laureado zapador en la guerra de Cuba, cuya actitud y
proceder es sólo un ejemplo de aquellos hombres de raza, austeros y honrados,
que no dudaron en dar lo mejor de sí mismos cuando
El azar quiso
que la historia de nuestro héroe fuese rescatada de un polvoriento archivo
regimental, olvidado de la historia y de los hombres.
Nació nuestro protagonista en Lorca-Murcia- el 21 de
mayo de 1874, en el seno de una familia pobre que no pudo darle estudios.
Trabajó como
jornalero hasta su ingreso en filas, la mayoría de los reclutados en esa época
eran muchachos enclenques de poco más de un metro de estatura, castigados desde
la infancia por el hambre y las enfermedades, cuyas familias no podían reunir
las 1500 pesetas para la redención a metálico del servicio militar que permitía
la injusta Ley de Reclutamiento y Reemplazo de 1885.
Quedó filiado en el reemplazo de 1893 para servir
durante 12 años, siendo destinado al tercer Regimiento de Zapadores-Minadores
de Sevilla, incorporándose al mismo el 8 de marzo de 1894.
Al estallar la insurrección cubana en 1895 forma parte
del batallón expedicionario, saliendo de Cádiz el 31 de julio y llegando a
El ejército colonial español, en defensa de
la integridad nacional, se desangraba en la lucha contra los revolucionarios,
alentados desde los E.E.U.U. y cuyos mejores aliados eran el insalubre clima y
las enfermedades tropicales que se cebaban con los bisoños peninsulares.
Insignes
personajes como el General Martínez Campos y varias publicaciones de la época,
denunciaron las privaciones de las tropas en la manigua cubana, enfermos de
paludismo o disentería, alimentados con un puñado de galletas y faltos hasta de
alpargatas de esparto para reponer las gastadas en las agotadoras marchas; de
los 60.000 fallecidos entre 1895 y 1898, sólo 2.100 murieron en combate. El
panorama que se encontró nuestro zapador era desolador.
Espinosa, como miembro de la 2ª cía., sirvió desde el
20 de agosto de
Fue en una de estas misiones donde Espinosa demostraría
su bizarría.
Una columna de
la que formaba parte una sección de zapadores, fue designada para operar por
orden del General de
El día 9 de
diciembre de 1895, una fracción de 72 hombres fue atacada mientras forrajeaban
en el potrero “Congreso”, por una partida de 800 insurrectos; los españoles no
se arredraron, vendiendo caras sus vidas al grito de “Viva España”. Espinosa,
cogiendo el fusil de un compañero muerto, luchó bravamente al arma blanca,
matando al teniente mambí Eugenio Recio e hiriendo a otros cuatro, hasta caer
herido por golpe de machete.
Hecho
prisionero fue conducido junto con otros compañeros al campamento del gran
caudillo Maceo, “el titán de bronce”, que le propuso abrazar la causa cubana,
sobornándole con 5.000 duros y el empleo de capitán del ejército insurrecto; El
cautivo rechazó vehementemente tales ofrecimientos, demostrando tal grandeza y
patriotismo que despertó la generosidad y admiración del jefe mambí que liberó
al bravo español y a todos sus compañeros.
Por esta acción se inició el juicio contradictorio
para la concesión de
Este hecho, comunicado por el Ministro de
Pero en la isla
antillana la insufrible lucha continúa y nuestro héroe sigue destacando por su valía
e infatigable pundonor, por lo que es recompensado con
Toma parte
durante el mes de abril en encarnizados combates en Guanabano, Santa Rosa,
Con fecha 1 de
mayo de 1896 es promovido a cabo por méritos de guerra.
A partir de
junio la lucha se intensifica con la presencia en Puerto Príncipe de Máximo
Gómez, general en jefe del ejército insurrecto, que puso en jaque a las tropas
de la división de Jiménez Castellanos.
La columna de
la que forma parte la 2ª cía. de Espinosa, interviene en sucesivos combates en
Higones, Delirio y Cuevitas, hasta llegar a Cascorro, levantando el 6 de octubre de 1896 el cerco que
habían impuesto los separatistas a una compañia de infanteria española que guarnecía el poblado.
Nuevamente uno
de los destacados en los combates fue nuestro laureado zapador, que obtuvo una
nueva Cruz de plata al mérito Militar con distintivo rojo fechada el 9 de junio de 1897(D.O.nº123)
por su comportamiento en el levantamiento del sitio de Cascorro, lugar que hizo
famoso con su gesta otro bravo hijo de España, el cabo Eloy Gonzalo del
Regimiento de Mª Cristina, igualmente condecorado en aquella acción e
inmortalizado por el pueblo de Madrid en una de sus más castizas plazas.
Durante 1897 y
encuadrado en la 2ª cía. continuó colaborando en numerosos trabajos de
fortificación, construcción de barracones, blocaos y campos minados en
Jaramaguacan y San Lázaro y en mayo combatió en un operación de limpieza sobre
San Jerónimo, donde el enemigo atacó el fortín construido en Yeguas por la
sección de Espinosa y donde hubo 7 muertos y 30 heridos por parte española,
contabilizándose más de 47 muertos entre los rebeldes cubanos.
Nuestro hombre finalizó el año habiendo sido promovido a sargento por méritos de guerra con fecha de 30 de septiembre de 1897.
Ya en 1898 la
guerra se recrudece por la ignominiosa entrada de los E.E.U.U. en el conflicto,
los independentistas ven la oportunidad de desligarse de
La unidad de
Espinosa continúa ejecutando trabajos propios del Arma y participando en
operaciones con diversas columnas, dedicándose especialmente a la reparación de
las vías férreas de Nuevitas, saboteadas continuamente por los insurrectos.
Una vez destruida la escuadra de Cervera y rendida la plaza de Santiago, la 2ª compañía de zapadores recibe la orden de fortificar Puerto Príncipe, en previsión de que la guerra con los norteamericanos se alargase.
Una vez firmado el armisticio el 13 de agosto,
permaneció allí hasta el 7 de octubre en que marchó a Nuevitas, prestando
servicios de guarnición hasta el 28 de noviembre en que fue repatriada la
unidad en el vapor San Agustín, llegando a Málaga el 14 de diciembre y el 21
del mismo a Sevilla .
Nuestro héroe pudo ya abrazar a los suyos en su tierra, tras más de tres años de penalidades y la angustiosa pesadumbre de haber perdido los últimos restos del Imperio colonial.
El día 1 de
junio de 1899 marcha a Cartagena pasando a la reserva activa, obteniendo la licencia absoluta por los
abonos de la campaña el 1 de agosto de 1903.
Pero Espinosa
tenía ya grabado en su espíritu la noble vocación de servir a su patria con las
armas y solicita hasta por tres veces reingresar al servicio activo,
dirigiéndose incluso en la última, cursada en junio de 1903, a
Así tras un interminable devenir entre distintos
negociados del Ministerio de
Por fin el Consejo Supremo de Guerra y Marina contesta
que no está contemplado en la legislación el reingreso desde esa situación,
pero atendiendo a las extraordinarias circunstancias concurrentes en el
solicitante se consideraría su petición, resolviendo que debe ser examinado de
escritura y conocimientos militares para volver a ejercer el empleo de sargento
en el Cuerpo de Ingenieros.
El Capitán General
de Valencia, con fecha de 29 de enero de 1904, comunica que en cumplimiento de
la orden se reunió el tribunal nombrado para examinar al sargento Espinosa y
que habiendo comparecido, el interesado renunció al examen.
El 14 de abril
del mismo año fue admitido en el Cuerpo de Carabineros del Reino por el tiempo de 4 años,
siendo al año siguiente, por su intachable conducta, recompensado con el premio
a la constancia que conllevaba el abono de una peseta mensual.
Pero la lista
de hechos encomiables de nuestro hombre no termina aquí. El 30 de agosto de
1905 salvó de morir ahogado y con riesgo de su vida, a un hombre en aguas del
puerto de Cartagena, por lo que fue condecorado con
El espíritu
indomable de servicio a
Y así continuó
prestando sus servicios, llegando a ser jefe de puesto en Beniel (Murcia), demostrando
siempre su buen hacer y haciéndose querer de propios y extraños, hasta que en un
aciago 26 de febrero de 1924 su noble y generoso corazón no resistió más.
Como colofón a este modesto relato biográfico, reseñar la semblanza de un hombre que como tantos otros que sirvieron en la filas de nuestro ejército, no hicieron otra cosa que cumplir fielmente con su deber.
En palabras del ilustre marino Víctor Concas, estos hombres cumplieron sus cometidos en unas condiciones y en unas ocasiones en las que su sacrificio no era sólo estéril, sino completamente contrario a los intereses de España.
No puede ser indiferente a los buenos españoles la memoria de unos valientes, que dieron todo por un ideal tan sagrado que mereciera el sacrificio del bien más preciado que en la mayoría de los casos era lo único que poseían: su vida.
AUTOR: Félix E. Vázquez León



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