miércoles, 14 de diciembre de 2022

                                                                         

                                             LA TEORÍA DEL FANGO 

 Creo que pocos lectores estarán en desacuerdo con la afirmación de que el organismo humano es la máquina más perfecta de la creación, hasta el más sencillo acto vital es un alarde de ingeniería química y procesos fisiológicos minuciosamente coordinados hasta niveles que rebasan lo microscópico, con tal intensidad y velocidad que produciría vértigo pensar como es posible coordinar tan abismal volumen de reacciones químicas y físicas responsables de la homeostasis corporal. 
 Sólo por poner sencillos ejemplos basta pensar en la reacción en cadena que se produce cuando nos hacemos una herida hasta llegar a la hemostasia, el complejo sistema inmunitario o la división celular con sus procesos de mitosis y meiosis que parecen extraídos de un libro de magia. También se escapa muchas veces a la ciencia moderna el conocimiento de muchos de estos enrevesados mecanismos reguladores. 
 Ya desde el antiguo Egipto se empezó a forjar el concepto de “humores” como sistemas químicos que regulan el comportamiento humano, Hipócrates (sV a.c.) definió que los humores son los fluidos corporales vitales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra postulando que un exceso o déficit extremo de alguno de ellos provocaba la enfermedad. 
 Galeno (sII d.c.) impulsó esta teoría de los humores en la que afirmaba que los alimentos tenían un potencial variable de actuación siendo los alimentos calientes los que producían bilis amarilla mientras que los fríos provocaban flema, incluso las estaciones del año o las zonas geográficas alteraban los humores, así consideraba las ciudades expuestas a vientos cálidos propensas a producir en sus habitantes problemas digestivos y las expuestos a vientos fríos se asociaban a enfermedades respiratorias; relacionó los cuatro humores con las estaciones: sangre(primavera), bilis amarilla(verano), bilis negra(otoño), flema(invierno).Las cualidades de los humores influían en la naturaleza de las enfermedades , así las bilis amarilla causaba las enfermedades por calor y la flema las del frío. 
 Galeno llegó más allá del cuerpo identificando cuatro disposiciones psicológicas o “temperamentos”, asociándolos a los humores predominantes: 
 -las personas que tienen más sangre roja son amables y de piel sana(temperamento sanguíneo) 
 -las personas con bilis amarilla son amargas y de mal genio, de piel amarilla(temperamento colérico)
 -las personas de bilis negra son perezosas, temerosas y enfermizas, de cabello y ojos negros(temperamento melancólico)
 -las personas con flema son desanimados, olvidadizos y de pelo blanco(temperamento flemático). 
 Cada tipo de temperamento determinaba la susceptibilidad a enfermedades particulares así como inclinaciones emocionales y de comportamiento. Propuso que la “discrasia” o desequilibrio de los humores era la causa directa de la enfermedad y la “eucrasia” o salud se asociaba con el equilibrio humoral, la enfermedad también podía ser causada por “corrupción” de uno o más humores debido a cambios en la dieta o por otras circunstancias ambientales. 
 La medicina medieval adoptó esta “teoría del humorismo” grecorromano alcanzando su máxima plenitud con Avicena(sX d.c.); ya entrado el sXVI se complementó esta teoría con la utilización de hierbas y combinaciones alquímicas para eliminar el exceso de humores o para ajustar la deficiencia de los mismos.
 La medicina ayurvédica hindú también cuenta con tres “dosha” equivalentes a los humores hipocráticos que se cree que están presentes en el cuerpo e igualmente su combinación determinan el temperamento o biotipo de cada individuo. 
 Durante los siglos XVII y XVIII la teoría humoral clásica derivó en la “teoría del agotamiento heroico” que abogaba por un tratamiento severo a base de purgas, sangrías y sudoraciones que provocaban en el enfermo un “choque” que lo liberase del exceso de humores y devolver el equilibrio al medio interno; esta corriente tuvo éxito en Europa y Estados Unidos en el sXVIII de la mano de Benjamín Rush, hasta que los nuevos descubrimientos técnicos y el advenimiento de la “teoría de los gérmenes” la hicieron desaparecer a mediados del sXIX, considerándose desde entonces a éstas teorías basadas en humores como pseudociencias. 
 La filosofía tradicional Taoísta china también aplica un concepto similar de equilibrio entre dos humores o factores “el Ying y el Yang” opuestos pero complementarios, manifestando que por ejemplo un exceso de yang provoca enrojecimiento de la piel, sudoración y abscesos, mientras que el exceso de ying se manifiesta en palidez de piel y extremidades frías.
 La cuestión que parece clara a todos los pensadores y filósofos que han intentado explicar el funcionamiento del organismo humano desde tiempos inmemoriales es que hay que concebir su naturaleza como un binomio cuerpo-mente, ya en obras de Homero y Hesíodo (sVIII a.c.) la “psique” aparece como un aliento que mantiene la vida en el cuerpo o “soma” y el poeta latino Juvenal (sII d.c.) legó su famosa cita ”Mens sana in corpore sano” como prueba de la interconexión entre la salud del cuerpo y de la mente. 
 Yo- dentro de mi limitada capacidad analítica y conocimiento- entiendo que la realidad cuerpo-mente es un ente no único e indivisible pero sí de precisos mecanismos de sinergia y de una interconexión tan estrecha que obligadamente las incidencias o desajustes que se producen en alguno de ellos inciden en el otro de forma biunívoca.
 De esta forma y expresándolo de una forma gráfica, imaginemos el refinado engranaje de una máquina de precisión en la que se introducen unas gotas de barrillo arenoso, el mecanismo seguirá funcionando pero dejará de ser la máquina perfecta para ser una máquina desajustada, que dará fallos y terminará produciendo un desgaste y avería parcial o total. Ese barrillo o “FANGO” se puede extrapolar a lo que ocurre en el organismo humano , cuando por causas externas o internas se genera un desajuste o desequilibrio que funciona como ese fango que avería nuestro engranaje.
 Los motivos generadores de este elemento tóxico y perturbador son múltiples y abarcan desde causas intrínsecas genéticas o autoinmunes, medioambientales, edad… que en algunas ocasiones no tenemos opción de prevenir o evitar, acabando en enfermedad dependiendo donde asiente el tóxico, sea cuerpo o mente, aunque al final se reflejará el mal en uno u otra. 
 Otras veces ese “fango” lo generamos con las decisiones que tomamos, por ejemplo una persona que decide incluir en su dieta demasiadas grasas o azúcares o que fuma compulsivamente, forzadamente generará ese fango en su cuerpo que tarde o temprano le provocará nefastas consecuencias en su salud. Pero esto incluye también otro tipo de situaciones o vivencias que no son fáciles de resolver, pongamos por ejemplo un tema que supone constante preocupación como es la violencia doméstica o la intrafamiliar con resultados trágicos en muchos casos, originado por el estrés y odio que se ha ido destilando durante mucho tiempo y ha ido nublando y enfangando el engranaje mental de la persona agresora. 
 Un aspecto importante para la convivencia sería pensar antes de tomar decisiones erróneas o precipitadas, el efecto que éstas pueden proyectar al ser un vector de estrés que se convertirá en ese fango dañino en los demás, en esto la vida cotidiana está plagada de ejemplos. 
 En la generación de ese fango la mente tiene un papel crucial, una psique sana, liberada de fango es capaz de generar lo que podía llamarse “antifango”, una especie de antídoto que crea bienestar y como consecuencia felicidad. 
No es fácil conseguir esta situación pero tampoco estamos hablando de llegar a estados de nirvana o de éxtasis de los antiguos místicos, sino simplemente de lograr mantener el espíritu y la mente bajo control del estrés que es el responsable mayor de fango. Algunas técnicas como yoga, o más actuales como el Mindfulness pueden dar pautas eficaces para las personas que requieren ayuda.
 Las personas que generan antifango son capaces de vivir en paz y alcanzar ese bienestar saludable que es la antesala de la felicidad, una persona feliz tiene una ventaja añadida para enfrentarse a los embates de la vida y por ende para vencer enfermedades. 

 Ojalá fuésemos capaces de controlar nuestras actitudes, emociones y comportamientos para no enfangar la maravillosa máquina de la que nos ha dotado la naturaleza.                                                  

                                                                                                                        Félix E. Vázquez León